El tamizaje metabólico y morfológico es un conjunto de evaluaciones prenatales que permite detectar de manera temprana alteraciones en el desarrollo del feto y riesgos metabólicos en la gestante. Estas pruebas forman parte integral del control prenatal, ya que proporcionan información sobre el crecimiento fetal, la anatomía de los órganos y la presencia de posibles complicaciones maternas o fetales, favoreciendo intervenciones oportunas y un manejo individualizado del embarazo.
El tamizaje morfológico se realiza mediante ultrasonidos especializados, generalmente durante el segundo trimestre (alrededor de las 18 a 22 semanas), para evaluar la anatomía fetal. Este estudio analiza estructuras como cabeza, cara, columna, corazón, abdomen, riñones, extremidades y placenta, con el objetivo de detectar malformaciones congénitas, defectos estructurales o anomalías en el desarrollo fetal. La información obtenida permite planificar seguimiento adicional, intervenciones médicas o quirúrgicas prenatales si se detectan hallazgos relevantes.
El tamizaje metabólico se centra en la evaluación de parámetros bioquímicos y fisiológicos de la madre y, en algunos casos, del feto, que pueden indicar riesgo de alteraciones metabólicas o endocrinas. Entre las pruebas más comunes se incluyen la glucosa para detectar diabetes gestacional, perfiles tiroideos y análisis de laboratorio que permiten identificar riesgos para el crecimiento fetal, preeclampsia u otras complicaciones metabólicas que podrían afectar la gestación.
Estos estudios son seguros, no invasivos o mínimamente invasivos según el tipo de examen, y se interpretan considerando la historia clínica, antecedentes obstétricos, hallazgos ecográficos y otros estudios complementarios. La combinación del tamizaje morfológico y metabólico permite una evaluación integral de la gestante y del feto, facilitando la detección temprana de riesgos, el manejo oportuno y la planificación de un embarazo saludable y seguro.